¿Quién no ha pensado alguna vez como le gustaría que fuera su trabajo o cómo espera que sus amigos se comporten ante esta circunstancia o aquella otra?
En clave de futuro, las expectativas suelen jugarnos malas pasadas, porque, aunque, según la RAE, son las ideas que se hace una persona respecto a algo que podría o no ocurrir, lo cierto es que, en muchas ocasiones, cuando lo tomamos como modo de vida, lleva implícito cierto inmovilismo, omitiendo cualquier acción o elección, esperando ver qué sucede.
Si lo medimos en parámetros de felicidad, sería como la distancia que hay entre la realidad de la vida y nuestras aspiraciones; y ahí, si las distancias son grandes, a lo único que nos conduce es al conflicto y a la infelicidad.
En el día a día, y haciendo alusión al cuestionamiento inicial, si esperamos que un amigo actúe o reaccione de cierto modo, entraremos en el campo de la decepción y el reproche y verbalizaremos o pensaremos el clásico: «Si yo fuese él, hubiera hecho o dicho tal cosa».
¿Cuál es la propuesta? Tenemos dos opciones: o mejoramos la realidad, esa que depende solo y exclusivamente de nosotros, o bien rebajamos las expectativas.
Respecto a la primera, Epicteto, referente de la filosofía estoica, nos daba la clave en su libro Un manual de vida: poner nuestra energía solo en aquello que depende de nosotros, sin malgastarla en lo que está fuera de nuestro control. O, dicho de otra manera, ser el actor protagonista de lo que creas con tu propio esfuerzo y de cómo eliges reaccionar ante lo que la vida te trae.
Respecto a la segunda, y haciendo alusión al tema de esta reflexión, si espero poco o nada en general, cualquier cosa que venga será motivo de alegría.
No pretendo con esta reflexión que las personas pierdan la ilusión, necesaria como estímulo de vida, pero tener los pies en el suelo ser consciente de lo que está o no en tu mano es más saludable y nos conecta con el momento presente.
Quizá hoy sea un buen momento para revisar tus propias expectativas: preguntarte cuáles dependen realmente de ti y cuáles no, y empezar a actuar, aunque sea con un pequeño paso, sobre aquello que sí está en tu mano.
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